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Tránsfugas Ideológicos del Siglo XXI

 José Rafael López Padrino

Entre los diversos factores que integran la quincalla ideológica del socialfascismo bolivariano, se encuentra un nutrido grupo de tránsfugas ideológicos provenientes de la izquierda venezolana, quienes olvidaron sus principios revolucionarios, su ética, y su honestidad para rendirse ante la pestilente bota militar del inquilino del Palacio de Misia Jacinta.

Me refiero a quienes corroídos por deslealtad principista, avalan con su militancia un proyecto que representa la antitesis a sus antiguos principios revolucionarios. Aquellos que impúdicamente se han prestado para obnubilar a las masas, mediante tácticas maquiavélicas de manipulación y desinformación. A quienes inescrupulosamente apoyan una propaganda destinada a estereotipar a todos quienes no comulgan con su proyecto, a fin de incentivar el odio, facilitar la agresión, y la eliminación de los mismos. Esto ayuda a entender la saña con que fueron golpeados los periodistas de la Cadena Capriles, la represión a los marchista en contra de la Ley Orgánica de Educación (LOE), y a los trabajadores de la Alcaldía Metropolitana, así como los insólitos intentos de justificar tan cobardes hechos.

Es triste y vergonzoso ver como estos traficantes ideológicos descalifican cualquier protesta social (olvidando su pasado), bajo la excusa de que desestabilizan a la revolución. Muchos de ellos se han convertido en los represores de la revolución bonita, utilizando los mismos subterfugios de los gobiernos adecos y copeyanos (el orden y la paz social), empleando la fuerza militar para reprimir las protestas laborales y movilizaciones populares en repudio a las arbitrariedades del gobierno. Al extremo de que el ministro Tarek El Aissami aprobó, con la venia del huidizo de Miraflores, imponer la orden del Libertador en Segunda Clase, al Coronel Benavides Torre, por su patriótica acción de reprimir a la manifestación del sábado (22-8-09) en contra de la LOE.

Dejaron de guiarse por los sentimientos de la justicia social, para convertirse en sargentones de un proyecto perverso, que transforma a los amigos en enemigos, y a los verdaderos enemigos en aliados. No solo rechazan los principios ideológicos que durante años defendieron con una vehemencia digna de mejor causa, sino que algunos de ellos, se han convertido en verdaderos cazadores de brujas, en contra de todo aquel que no comulgue con sus nuevos idearios socialfascistas. Carentes de pensamiento teórico, siguen utilizando la retórica de su abandonada militancia de izquierda, a fin de generar confusión ideológica tanto en los sectores populares como fuera de nuestras fronteras, y maquillar el asqueroso militarismo, del que fueron fieros enemigos en el pasado, y que hoy juran defender rodilla en tierra.

Las seducciones del poder han reblandecido sus principios. Los anticapitalistas del ayer, hoy favorecen un feroz capitalismo de Estado, que controla un 65% de los medios de producción, y ha permitido el surgimiento de una "boliburguesía" explotadora y corrupta a la sombra de la revolución. Apoyan la entrega de los recursos energéticos de la nación al capital transnacional, mediante la creación de las empresas Mixtas y el uso de la Faja petrolífera del Orinoco como garantía para nuevos endeudamientos. Patrocinan un sindicalismo de Estado contrario a los intereses de los asalariados, y propician la eliminación de los sindicatos, pues los consideran como instrumentos de lucha. Promueven una especie de leyenda de héroe nacional, de infalibilidad, en torno a la figura del tte coronel, para mantener a las masas inmovilizadas, en un estado de esclavitud psíquica permanente. Estos viejos luchadores sociales, reptan cual mendigos de la política ante este batiburrillo autoritario, militarista, nacionalista, y antiobrero que manipula obscenamente la devoción que los venezolanos sentimos por el Libertador.

Son los nuevos sordos ante los clamores del pueblo, perdieron la humildad del pasado y ahora cambian falsas utopías por votos. Son los soldados bisoños de la religión bolivariana, de la debida obediencia, del pensamiento acrítico, del cinismo practicante, del ordene mi comandante. Se comportan como fieles perros falderos dispuestos a justificar o cometer cualquier tropelía en nombre del proceso.

La incalificable e inexcusable traición a sus principios los ha llevado a olvidar los hermosos proyectos emancipadores por los cuales cerramos filas fuera y dentro de los confines de la Patria en el pasado. Se cansaron, se aburguesaron e hicieron de la lucha una profesión para su propio beneficio. Que triste es ver como en ellos los proyectos libertarios de otros tiempos se han quedado domesticados dentro de una barraca militar.

A veinte años de El Amparo


por José Rafael López Padrino

En octubre de 1988 en el pequeño pueblo de El Amparo, 14 pescadores fueron masacrados en el sector conocido como Caño La Colorada, del estado Apure. La operación fue ejecutada por miembros del Comando Específico José Antonio Páez (Cejap), el cual fue creado con la finalidad de garantizar la seguridad de esa zona fronteriza. El general (r) Humberto Camejo Arias, jefe de la Guarnición del Táchira, a la cual está adscrito el Cejap, justificó de inmediato dicha acción, al calificar al grupo de pescadores como integrantes de la guerrilla colombiana que preparaban acciones en contra de la seguridad de la nación (argumentos muy en boga de nuevo en estos días). Sin embargo, las ropas que vestían, la ausencia de armas y el testimonio de dos sobrevivientes permitieron conocer la monstruosidad del crimen: se había consumado una vulgar masacre en contra de humildes pobladores de la zona, para justificar la existencia del Cejap, ante su fracaso operativo en combatir a la guerrilla colombiana.

Como es habitual en estos casos, las investigaciones de los hechos fueron dirigidas arbitrariamente por los tribunales militares y los imputados en los hechos quedaron en libertad a través de una sentencia inconstitucional emanada de la Corte Marcial, la cual fue lamentablemente ratificada por la Sala Penal de la extinta Corte Suprema de Justicia y legitimada políticamente por el gobierno de Jaime Lusinchi invocando la seguridad de la patria.

Han transcurrido casi veinte años y el Estado venezolano sigue incumpliendo el deber de sancionar judicialmente a los culpables (intelectuales y materiales), así como el de indemnizar a las víctimas y a los sobrevivientes, tal como lo ratificó la Corte Interamericana de los Derechos Humanos en el mes de noviembre del 2002. Lamentablemente, el régimen del tte coronel no tan sólo se ha hecho cómplice al no castigar a los culpables, sino que a muchos de los involucrados los ha premiado y hoy ocupan importantes cargos en el gobierno. Entre otros tenemos al capitán de Navío (r) Ramón Rodríguez Chacín (oficial operativo del Cejap), actual ministro del Interior y Justicia, al coronel (r) José Vivas Quintero, jefe de operaciones del Cejap, quien se desempeñó como jefe de finanzas del MVR y actualmente es diputado al Parlamento Latino, al mayor (r) Ricardo Pérez Gutiérrez, juez de la causa que fabricó pruebas para encubrir a los funcionarios implicados, ha trabajado en varias oportunidades en el Ministerio de la Defensa, sargento técnico de Primera (r) Omar Pérez Hudson, responsable de inteligencia de la Disip, inspector jefe de la Disip (r) Celso Rincón Fuentes, funcionario de confianza del sistema de prisiones.

Al margen del discurso maniqueo de los amanuenses del oficialismo, el silencio cómplice y la impunidad demostrada son la mejor prueba del apego que el socialmilitarismo del tte coronel tiene por los DD.HH. Da verguenza ver a quienes lucharon en el pasado en contra de estos atropellos, hoy apoyar a los autores de esas matanzas.